Cada día que pasa entiendo menos. A mí que me perdonen pero cada día entiendo menos. ¿Es que el mundo se ha vuelto loco? ¿Es que ya no queda nadie con un apice cordura? Todo parece ir al revés. Los orangutanes sin cerebro dominan la sociedad. Al karayo la evolución de Darwin.
Llevo dos semanas cagando hacia dentro, con esa horrible sensación de presión en el costado, con esa hinchazón y esos calores fríos que me suben de los pies a la cabeza y que hacen que me palpiten las sienes y sienta rabia. La misma rabia que se me pudre por dentro y explota. Es entonces cuando me siento frente al teclado vomitando palabras, convulsionando sentimientos. No es justo perder un amigo, que no un compañero. El dolor se aferra como una cadena a la mano izquierda mientras en la derecha blandes la poca entereza que te queda. En unos momentos tienes que hacer un esfuerzo sobre humano para mantenerte sereno y en otros un esfuerzo sobre humano para creértelo. Por que eso es lo más difícil, asimilar el golpe.
Entras en el tanatorio y ves a todo el mundo saludándose y hablando amistosamente. Mientras, tú apuñalado por dentro al encontrarte cara a cara con el pastel. Y aun no ha llegado lo peor, falta la familia y la casi familia. Por un lado los carnales, me entran escalofríos solo de pensar en volverme a acercar a ellos, ¿Qué les vas a decir tú?, ¿Quién cojones eres tú para decirles nada? Y por otro los no carnales, esa amiga intima del difunto que se te agarra fuertemente para sentirte cerca y tu, amigo que no compañero, te rompes por dentro. No lo resistes más.
Pero señores, aun no ha llegado lo peor. El funeral. Tener que cantar canciones que providencialmente te recuerdan al fallecido. Y el director decir que si te entran ganas de llorar aprietes las muelas y cantes, hasta desgarrarte las cuerdas. No lo resistes más. Pero aun no es lo peor, la gota que colma el vaso viene cuando gente que casi ni conocía al difunto, se ponen peor incluso que el o la mejor amiga del difunto. Y tu allí, amigo que no compañero, haciendo tripas corazón, apretando el culo con los pies bien juntitos y soportando las ganas de meterle una paliza al personal.
Pasan los días, y más frivolidad aun, no hay otra manera de describirlo. Nicks en el Messenger, poesías estúpidas y muchas ganas de llamar la atención. Pese a quien le pese. A mi me hacéis daño. Y aunque prometí no juzgar a nadie al hacerme cristiano hay veces que me entran ganas de sacar el puño americano, reventar un par de piños y vengar la memoria de una amiga, que no compañera.
Perdonarme todos los que os podáis sentir aludidos, o lo digo o reviento.