sábado, 12 de marzo de 2011

:: La idea de teoria.

“También la ciencia, llegada al término de sus paradojas, cesa de proponer y se detiene a contemplar y dibujar el paisaje siempre virgen de los fenómenos”

A. CAMUS: El mito de Sísifo.


El mundo es algo con lo que nos encontramos, es un todo que ya está siendo cuando somos arrojados y obligados a experimentarlo. Carece por sí mismo de delimitaciones estrictas siendo nosotros los encargados de categorizarlo u ordenarlo en parcelas claramente distinguidas.

Es un hecho que cada vez que atendemos a una parcela de la realidad para intentar comprenderla ie. cada vez que formulamos una teoría [en sentido laxo] sobre algo que capta nuestra atención, desatendemos al resto de la realidad. Así, yo estoy sentado en una silla frente a mi escritorio tecleando palabras en una computadora y focalizando mi atención sobre está acción, de modo que mientras no me distraiga obviaré por completo la existencia de un pájaro negro que está posado sobre la rama del único árbol que veo desde la ventana de mi cuarto, e incluso que hay un libro sobre la mesa donde trabajo. Al percatarme de la situación del libro mi atención se centra sobre él y descuido inconscientemente la redacción de este texto. Si esto sucede con una trivialidad tal como redactar un escrito, qué no va a suceder, salvando las distancias evidentes, a la hora de formular una teoría [pretendidamente] científica.

Con todo esto quiero llegar a la idea de que una teoría es un estudio interesado de cierta pluralidad de impresiones parceladas. Percibimos fenómenos que dividimos, estructuramos, articulamos y estudiamos, proyectando sobre ellos nuestros propios esquemas conceptuales y teóricos, comprobando después si verdaderamente “encajan” [verificabilidad].
 
La tarea de la ciencia es precisamente esta, proyectar esquemas conceptuales y teóricos que nos ayuden a comprender el ingente conjunto inarticulado de impresiones. [Se que con esta afirmación me meto en camisas de once varas...]
 
Enrique Latorre-Ruiz 2011

domingo, 6 de marzo de 2011

:: Biopsia vital

Mis pensamientos se deslizan sobre el papel como culebras, es un efecto curioso. Incluso el hecho mismo de no diferenciar el pensamiento propio, de la base de papel, es un efecto curioso; papel, pensamiento, papel, pensamiento, papel pensamiento, papel pensamiento, y tú dando bandadas de uno a otro, igual que un pájaro que no distingue los cristales de las ventanas, de la realidad, y se bate contra ellas con persistente repetición. Ese pájaro ha nacido para eso, para flotar, golpearse y no entender nada.


Me gusta que me llamen por mi nombre completo, me digo: -por Dios, que me llamen otra vez Enrique Latorre. Este pensamiento puede llegar incluso a causarme angustia si no se satisface de vez en cuando lo que expresa. Enrique Latorre, sí, ese es mi nombre. Es impresionante la sonoridad que alcanza cuando lo repites centrando tu atención en las ‘r’: “Enrrrrrique Latorrrrrrrrrrrrrre”, suena imponente. Por eso me gusta que me piensen en él. Si yo, que soy carne y hueso; lo que queda, podrido en el cesto al pasar los años, puedo conseguir que se me relacione con algún nombre imponente, quizás se me pegue algo. Llegará un día y será tal mi suerte, que el nombre y yo [en tanto carne y cógito] seremos uno, un  continum; seré nombre y carne y cogito. Seré...


Hoy estoy cansando de estar, ¡y menos mal! Vivo en la casa de la angustia. Para más información: Angustia xx, x, Santiago de Compostela [Si existe algún Tadzio que desee conocerme, no dude en visitarme –por sorpresa-].
Menos mal que durante la historia de la humanidad hemos logrado separar el ser del estar. El ser pivota sobre lo primigeio. El estar [re]sitúa el resultado de éste pivotar en una contextualidad legaliforme. El problema surge cuando la contextualidad es indecorosa, pero eso son otros lópez...
Me dan pena los anglosajones, su idioma no separa el ser del estar. En consecuencia, sufren mucho. Muchos que yo me sé serían incapaces de conservar la vida teniendo un idioma tal como lenguaje materno, ¡antes se suicidarían! Es un sufrimiento que pervierte y no todos somos capaces de soportarlo.


Enrique Latorre.

domingo, 12 de diciembre de 2010

:: “En el país de los ciegos el tuerto es el rey” o sobre la verdad relativa.

Uno de los mayores desafíos al que debemos enfrentarnos a la hora de componer cualquier pensamiento comprometido es el del relativismo. Soy consciente de que el comprometido-con-cursivas es un término conflictivo y no me gustaría que se centrasen las críticas a este excurso en lo que Queiruga –y no yo- denomina filosofías del capricho.

La filosofía, más allá de nacer de la ociosidad y del puro aburrimiento tiene una pretensión, ahora bien, lo que esta pretensión sea, superando los tópicos, lo dejo a la imaginación de cada bípedo.
No se si son imaginaciones mías fruto de no dormir, o si en cambio se debe a mi apasionado romanticismo –quizás incluso las dos cosas- pero creo que hay asuntos que merecen un apremiante abordaje. Escepticismo y relativismo se conjugan para hacernos la vida imposible a todos los que aún aguardamos con estoica paciencia el descubrimiento de un pequeño pedazo de granito donde poner los pies.



Parece que nos hemos resignado a que lo único posible es barajar premisas siempre supuestas-discutibles y ver lo que se sigue de ellas. El “todo-vale” y el “no-hay-nada-seguro” se han convertido en coletillas occidentales y occidentalizadas heredadas. Pues vaya herencia, bien podían haberse callado la boquita.



Normalmente, nos empeñamos en cerrar bajo paréntesis tanto el relativismo como el escepticismo. Es esta una actitud si cabe infantil, como quien se tapa los oídos y grita no-oigo-lo-que-dices-lalala-lalalala. Pues bien, intentemos remediarlo y hablemos del relativismo. (Dejaré el escepticismo para otra ocasión no sin decir antes que Russell, cuyo año estamos celebrando, lo calificó de “lógicamente perfecto, psicológicamente imposible y vitalmente insoportable” ahí queda eso)
La tesis relativista asume que dada una propiedad ‘F’ supuesta n-ádica, es en realidad n+1-ádica, siendo precisamente este ‘1’ que añadimos, un marco de referencia o un contexto importantísimo.
Mientras los dogmáticos –por contraposición a los relativistas- aplican ‘F’ al modo A1,...,An, los relativistas se empeñan en añadir un parámetro más, un cierto B1 o B2 sobre el que radica toda la carga epistémica [A1,...,An; B1] o [A1,...,An; B2].



Poniendo un ejemplo, la relación de simultaneidad física es triádica entre eventos y marcos de referencia ie. Dos eventos son simultáneos teniendo en cuenta un específico marco de referencia y no son tales variando ese marco por otro [Albert Ainstain defiende algo similar poniendo el ejemplo de un tren que se desplaza sobre una vía, y siendo el marco de referencia en una ocasión un sujeto testigo externo del aparato y en otra, un viajero del mismo tren. Es evidente que dentro del tren las sensaciones son distintas de lo que son fuera. En sobre la teoría de la relatividad especial y general; pag 28; Alianza; Madrid 2009].

Esto es aplicable mutatis mutandi a la valoración de pares veritativos: El valor de verdad de una afirmación/proposición es indeterminado si no se especifica un marco de referencia y, solamente porque suponemos contextualmente implícito un marco de referencia podemos considerar que las condiciones para la verdad de una afirmación están correctamente determinadas. Wittgenstein nos ofrece muy acertadamente una pregunta que nos pone contra las cuerdas, a saber, ¿Qué hora es en el Sol? Intentar responder esto nos hace caer en la cuenta de que el sistema horario es totalmente convencional pues es la posición del sol el marco de referencia y sin un común acuerdo sobre la zona horaria del sol... en fín, la discusión bizantina está servida, pues esto no nos lleva a ninguna parte.
La noción de verdad relativa aparece ya en boca de Protágoras en el diálogo platónico Teeteto. Platón le atribuye a Protágoras defender que la verdad de un juicio es relativa al estado cognoscitivo de un sujeto, de manera que para cualquier juicio j y cualquier hombre h, si h juzga j, j es verdadero para h. Tirando un poco del hilo, todo juicio puede ser ‘verdadero para’ dependiendo de quien/que se sitúe a la derecha del para.

¿No es este un resultado nefasto?

Pues bien, Platón esgrime ya en contra de esto, lo que se ha convertido en un argumento clásico, a saber, la autorrefutación. A grosso modo, si todo es relativo, también esta afirmación es relativa. Esta crítica tiene la forma de la paradoja de epiménides/mentiroso, se construye del mismo modo que las paradojas que la literatura a llamado semánticas o de la auto-referencia. Podríamos hacer aquí un análisis lógico de este fenómeno y mismo solucionarlo de la mano de Tarski, pero creo que excede la pretensión de la entrada.

Veamos la crítica de la autorrefutación con un esquema:
(i): todo juicio es verdadero para... –postulado relativista-
(ii): (i) es un juicio falso, pues intuitivamente juzgamos que existen juicios falsos. –premisa que se nos presenta como evidente-


(ii) es verdadero en razón al contenido de (i), y por tanto (i) es falso. AUTORREFUTACIÓN.



¿Qué es lo que nos lleva, visto lo visto, a defender posturas relativistas? Pues bien, es la insatisfacción frete a determinados análisis contextualistas de diversos fenómenos semánticos la principal motivación de los neorrelativistas para sus propuestas. Estos últimos, encuentran en los adjetivos que admiten grados las expresiones del lenguaje natural que tomar como modelos.

(z) con sus 1,86 metros de altura, Enrique es alto.

Si el contexto es (A) la altura media de los ecuatorianos (z) es evidentemente verdadera.
Si por el contrario, el contexto es (E) los jugadores de un equipo de baloncesto de la NBA, (z) es muy posiblemente falsa.


Conclusión: En el país de los ciegos el tuerto es el rey. Por el contrario, en un estado ideal donde todos los bípedos poseemos en 100% de nuestra capacidad perceptivo-visual, ser tuerto es una putada, y a la postre, carne de chiste ingles.


¿Qué podemos hacer ahora? Yo desde luego, irme a dormir. Por hoy ya siento que he hecho algo productivo. Ahora os toca a vosotros romperos los sesos.

martes, 31 de agosto de 2010

:: Huye cobarde que el culo te arde. -prestamo literario-

no pongas un kant en tu vida
huye de la filosofía y huirás de la locura
huye cobarde que tu culo te arde
no seas estrictamente moral
no busques tener razón
no profundices hacia lo que nunca llegarás a saber con certeza
debajo del mar no hay posibilidad de vida para ti
oh humano, que lo quieres todo,
la bombona de oxígeno durará poco.
por mucho que pienses no existirás más que nada
no pongas un descartes en tu mesilla de noche
no temas volverte loco
oh humano, que lo controlas todo,
porque cuando pierdas el juicio no te darás ni cuenta
sospecha, si acaso, de la importancia de las cosas importantes.
el arte morirá en la hoguera
mientras tanto, bendita sea, no?
cuando te digan que los reyes magos existen
te resultará más útil creerte esto que reconocer que pretenden engañarte
tu vulnerabilidad racional está siempre al descubierto
en el póker de dados gana quien mejor hace creer
quien miente, compite
se habla de la verdad en metafísica
pero yo no sé qué es mentira
y, sin embargo, miento
a veces también digo la verdad, si la veo.
la verosimilitud queda bien en un currículo.
no pongas una pregunta incómoda en tu boca
a nadie le gusta la incomodidad
sólo el faquir duerme sobre camas de pinchos
oh faquir, dime cómo lo haces!
oh faquir, tú sí que sabes que es sentir porque sabes no sentir...

si quieres respetar no tienes que molestarte en intentar entender
se dice loentiendoperonolocomparto
o se dice lorespetoporquenisiquieraloentiendo- simplemente lo ignoro
a veces todo es tan fácil que asusta
entre el barroco y el minimalismo algo pasó
uno acojona, tan imperioso, el otro cohíbe, tan cuidado-no-vayas-a-manchar!
no pongas mediciones en todo
tampoco hagas meditaciones de todo
déjate querer
solamente procuro mantener viva la heroína que hay en mí
y sospecho que yo siempre ganaré queriendo

Palito

martes, 24 de agosto de 2010

:: En el tedio

Me regalaste un beso,
Suave, húmedo.
El primero de muchos otros
que me robaste.


¿Yo?, yo no tengo nada que ofrecerte,
Te lo has llevado todo.
Solamente, en el silencio de mi habitación
miro el techo.


Bajo mis pies descalzos un recuerdo
de vida alegre, quizás
el remordimiento de dejarte morir entre mi cuerpo.


No hay esperanza para los que suspiramos,
sólo versos, -si se les puede llamar así-
malos, lapidarios.


En el silencio de mi habitación
cambio de postura… y miro al techo.

Larga tarde en el tedio del verano.

Enrique Latorre Ruiz

lunes, 12 de julio de 2010

::60

Agarda, un minuto.

É pouco, tan só unha coleción de sesenta segundos. (60)
A intersubxectividade que se pensa obxectiva.


Abraiante verdade?
Neste mesmo intre, cantas pessoas saltan?
Cantas; comen, durmen e mesmo choran.
Cantas pechan os ollos e pensan en cantas? (49)
Todo no mesmo minuto… CONSTRUE


Sesenta segundo arroxados o espacio. (48)
Vexo algunha conexión,
mais non todas…
A miña existencia nun só minuto tórnase… pesada.


Entre as miñas catro paredes, levedo.
Afogo a miña radical angustia en alquitran, Winston clasic por favor. (36)
Nin sequera tardo un minuto. (33)


Únicamente trinta; consciencia, migraña, sensación e levedade.
Basta botar un ollada, para non querer, volver a pensar. (30)


Levedade… (27)
(26)


(23)
(22)


(19)

(15)

(13)
(12)

(7)
(6)
(5)
(4)
(3)
(2)
(1)

domingo, 11 de julio de 2010

:: Coidado...

Coidado co que dis, pode ser utilizado na tua contra.




Deberías aprender a falar, a pouco, paseniñamente

arrolando as palabras, son productoras de ideas.



O mellor e non falar.

se non dis nada pechas o espacio no sí

tautoloxía, e non vales nada.



Pola contra se falas de máis, caes.

Pechas o espacio no non.

Contradicción e por o mesmo, inconsistencia.

Non vales nada, o permites todo.



Cando cobran as miñas palabras lexitimidade?

Lexitimidade? Non hai cousa tal.



Non podes ter toda unha lista das túas creencias,

De feito, hai cousas que crees que non sabes que as crees.

Logo, cómo garantir a consistencia do meu credo?

A coherencia da vida?



Non podes; nin o teu creo é consistente, nin a túa vida coherente.

Non eres máis cá unha contradicción.